La Pan

Arte de colaboración

Las de Pan

La (a)miga

Cuando era niña amasaba las pequeñas figuras geométricas una y otra vez; para darles la forma anhelada y dejarlas sobre la mesa. Las migas de pan se convertían en un juego plástico después del almuerzo o la once, sobre la sobremesa aburrida de mentes adultas y trasnochadas. Las despreciadas sobras, le servían a mi imaginación para crear un mundo aparte, sobre los despojos de todos los comensales que las escondían bajo alguna servilleta; así, descubrían otra realidad y se trasformaban en visiones. Las migajas rotas se dejaban aparte, pero la masa en la que habían trabajado con sacrificio otras manos, llegan a las mías ya cocinadas y siendo redescubiertas por mis dedos. No recuerdo muy bien aquellos almuerzos familiares, pero evoco un pequeño triangulo posado en el centro de mi palma. El pan había dejado de existir.

Carolina Marcela Torres Muñoz

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Mi historia con el pan libre de gluten comenzó hace 3 años atrás, cuando fui diagnosticada con la enfermedad celiaca. Al principio no sabia como ni donde conseguir un pan con tales cualidades; partí comprando pan envasado en diferentes supermercados, pero el sabor y la consistencia nunca me convencieron, y para que decir el precio. Hasta que mi madrina, que sabe y se maneja mucho en lo que es repostería y masas decidió “experimentar” mezclando diferentes tipos de harinas libres de gluten, así comí pan de harina de arroz ( molido en casa) harina de maíz combinado con harina de linaza o con maicena y con bicarbonato para lograr que la masa subiera un poco.
Pero con esto de experimentar, los resultados nunca eran los mismos, a veces el pan quedaba rico, otras con un gusto un poco ácido, en ocasiones la masa quedaba tan compacta que me costaba un mundo rebanarla y otras quedaba tan débil que se deshacía con cualquier toque.
Hasta que por fin dio en el clavo; se le ocurrió hacer un pan de lentejas, que por lo demás quedo bastante bueno. Las lentejas las molió en la maquina 1,2,3. Aunque es mucho mejor hacerlo en una procesadora porque la 1,2,3 se daña al ser las lentejas muy duras. y mezclo una taza de harina de lentejas con dos tazas de maicena, dos huevos, una cucharada chica de bicarbonato, dos cucharadas grandes de aceite y una taza y un yogur natural o leche o ambos, sin sal y sin azúcar. También, tiempo después hizo un pan de garbanzos con el mismo procedimiento, pero el de lentejas, lejos ha sido el mejor.
Valeria Oriana Gonzalez Urbina de  Zapallar
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El Pan Internacional
 Y estaba en Bolivia comprando Pan para “tomar once” esos conceptos tan chilenos que cuando estas patiperreando se extrañan. Soñaba con una marraqueta crujiente, calentita, tostada y con palta, pero no, sólo estaban esas fricas enormes infladas y con un sabor tan dulce que parecía que era el postre.En el terminal de Cali la pregunta previa para no comprar algo que no me gustara. ¿El pan es salado o dulce? Como va a ser dulce me dice el vendedor. Una esperanza única me invadió y los recuerdos del sabor del pan chileno me hicieron apurar la compra y sumarle mantequilla. Fui hasta donde me esperaba mi compañero y feliz le digo: “Me dijeron que este pan es salado”. Rápidamente preparamos té y comenzamos a llenar de mantequilla ese pan abierto que nos pedía comerlo rápido y disfrutarlo. Eran dos meses sin comer un pan que se acercara un poco al sabor chileno. Azucar al té y luego esa mordida llena de ansias, con una carga sentimental y nostálgica del sabor del país de origen. Pero no, ese pan tampoco era salado. Era la hora de partir. Subimos al bus y comimos un paquete de galletas.
Susana Andrea Celis Ramírez
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EL PAN DE MI NONA

En Punta Arenas,  se ocupaba sólo una sala para dialogar, cocinar, escuchar la radio y  permanecer en el calor hogareño, junto a la gran estufa a carbón y leña.   Los viernes, mi madre nos premiaba con una pregunta:   ¿salchichas  o pan de la nona con palta?  Y gritábamos ¡Pan con palta!  Claro, ésta era muy escasa  por la zona fría y ese pan, incomparable.

En 1960 no existían panaderías allí y las recetas se transmitían.   Yo, chiquita, observaba a mi nona con su cara de satisfacción cuando lo amasaba, su amor cuando lo dejaba reposar con levadura,  su certeza cuando tenía que retirarlo del horno y su felicidad cuando lo regalaba.

Pero también llegaron los cambios al Sur del mundo. Un día, mi padre llegó  con una  gran marraqueta y unas hallullas. Mirábamos incrédulos.  En nada se parecía al pan que se hacía en las casas.  Y comimos.  Era ácido, tenía muchos hoyos y yo…lo encontré increíble, delicioso. Era la novedad.

Hoy puedo asegurar que no he probado sabor tan limpio y suave como aquel pan de la nona.  Además, junto al sabor recuerdo sus manos venosas que quedaban  blancas y lavadas después del amasado.  Toda una faena de amor para jamás olvidar.

Beatriz Boric Scarpa

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¿Y SI HAGO PAN?

Hace más de 10 años, cuando era una niña y me iba a pasar las vacaciones con mi abuela en Malloa, acompañaba a mi Lela a hacer pan amasado, esperaba inquieta, como siempre he sido, que estuviera listo para echarle la mantequilla  y que se ésta se derrita para disfrutarlo… lo gozaba tanto, que hoy aún recuerdo ese sabor. Claro, no era sólo el pan, era mi Lela, mi infancia…

A veces lo hace mi madrina con la misma receta, pero ya no lo siento igual, lo disfruto pero no como el de mi Lela, me conecta con el momento pero simplemente es otra etapa,  el pan tenía el calor de la mano de ella, y bueno yo también disfrutaba distinto…

Hace menos de 10 años, mi mamá comenzó a hacer pan y yo la acompañaba, compraba un saco de harina de esos grandes y hacíamos panes grandes,  le poníamos ajo, cebolla y a otros aceitunas, quedaban exquisitos, pero un poco más secos… cuando estaba listo lo partíamos en porciones individuales y comíamos todos juntos, los siete, mis cuatro hermanos y mis papás, bueno a veces los diez cuando estaban los pololos de mis hermanas mayores… era un pan para muchos.

El día de hoy las cosas han cambiado, ya no vivo en la casa de mis papás, hace mucho tiempo se dejó de hacer ese pan, se empezó a comprar en panaderías, nunca en supermercado y hace menos de 2 años comenzaron a hacer pan en una máquina que amasa, sólo hay que echar los ingredientes, creo que por separado, uno en cada esquina y esperar alrededor de 3 horas… bueno, yo ya no participo… es algo tan mecánico que ya no importa quien lo haga, no se siente la mano de nadie… siguen innovando creo, en los ingredientes…

El día de hoy ya no me gusta tanto el pan, no acompaño a nadie a hacerlo ni he pensado en hacerlo sola hasta este momento…

Parte de la vida se puede contar a través del pan… no hay pan como el de la infancia, el pan que se amasaba con amor y se armaba en bolita y luego se aplanaba y era para una sola persona…

María Constanza Torres Reyes

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