José Pemjean

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CICLO UN MAR SIN ORILLAS

 Dejadme vivir donde quiera; aquí está la ciudad, allá la naturaleza; cada vez abandono más la primera para retirarme al estado salvaje (…).´El mundo acaba allí´, dicen; ´más allá sólo hay un mar sin orillas´ . Caminar. Henry David Thoreau.

Desde pequeño andar en bicicleta es parte importante de la vida de José, un hábito cotidiano de movimiento, relajo, seguridad y reflexión que se ha transformado en una extensión de su propio cuerpo. Recorridos que con el pasar de los años le han llevado a salirse de las rutas convencionales para adentrarse a través de senderos o de espacios dónde no existe camino, involucrándose de otra forma con lo que lo rodea.

En este transitar ha construido su propio trayecto entre Quintay y Tunquén. Se adentra a través del bosque esclerófilo, evidenciando su recesión generada principalmente por las plantaciones forestales de eucalipto y pino, especies exóticas que demoran en degradarse, consumen grandes cantidades de agua y deterioran el suelo producto de las faenas de la industria forestal.  Se encuentra con el humedal de Tunquén, conformado por el estero Casablanca y una laguna ricos en biodiversidad, amenazados diariamente y desde hace ya varios años por un resort local que desvía el curso de sus aguas para regar canchas de golf y jardines. Y de pronto, en esos trayectos, surge lo más inesperado, dos canteras  ilegales  están robando diariamente áridos en la playa de Tunquén.

La degradación ambiental en distintas zonas de la región es parte conformante de las lógicas coloniales y poscoloniales basadas en modelos occidentales globales de homogenización y exclusión de las diferencias, haciéndose cada vez más importante señalar y denunciar la progresiva explotación, extracción y alteración del ecosistema como forma de pugnar con aquellos modelos reduccionistas donde “la persona productora/consumidora sustituye a la habitante, el sitio reemplaza al lugar; la región económica, a la región histórica y a la bio-región”[1]. La producción desmedida, descontextualizada y de distribución desigual es destructora de vida y está tocando hace tiempo nuestras puertas, nos mantiene en un estado de sitio, en un asedio hacía un deterioro progresivo y casi sin retorno, donde una vez más, logramos difícilmente optar al bronce.

[1] Ingrid Wildi-Merino (ed). Arquitectura de las transferencias: arte, política y tecnología.

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