La enseñanza patriarcal y sus estructuras de dominación y explotación que han sido diseminadas por la religión católica, han determinando -por siglos- una ética y moral contradictoria sobre las formas de construcción social, buscando perpetuar el “correcto” subordinamiento de las mujeres. En este emprendimiento y en particular en la mitología tradicional de la cultura mariana, María la virgen, ha sido imaginada como un ser superior, la mater dolorosa, la mujer sufrida, abnegada, sacrificada, devota y silenciosa, un ejemplo del deber ser que se humilla y perdona a todo el que le hace daño. Virgen y madre amorosa, mujer sagrada que se aliena de sí misma a través del sacrificio perpetuando su propia opresión.

Todo lo contrario al símbolo de la puta, muchas veces banalizada y ampliada a toda mujer con voz, la aventurera, perdida y mala, amada y temida, a la que como cualquier otra si le pasa algo terrible desde la violencia psicológica hasta una violación y decide contarlo, activa todo el sistema opresor que la cuestiona: “¿qué es lo que quieres?¿que se sepa lo que te ha sucedido?¿qué es lo que quieres? ¿que todo el mundo te vea como a una mujer a la que le ha sucedido esto? Y de todos modos ¿cómo es posible que hayas sobrevivido sin ser una puta rematada?” (Despentes, 2020). La loquita catalogada automáticamente de inferior, culpada por su “desgracia”.

María madre (la sagrada) y la puta (la mundana) son dos bordes centrales del trabajo de Claudia, quien a través de su investigación expandida llamada “Putas vírgenes” va tejiendo un puente entre ambas, construido del relato liberador de decenas de mujeres, niñxs y disidencias que han sufrido distintas formas de violencia patriarcal. Para ello utiliza el grabado y el bordado como gestualidad ritual, escribiendo sus historias y dándoles un nuevo sentido al colectivizarlas y compartirlas de forma anónima, como estrategia feminista de superviviencia y forma de denuncia para decir: basta contra la violencia de género.

Putas Vírgenes. Reflexiones sobre la violencia de género y el patriarcado
Claudia Barbera
Acción de entrega de Putas vírgenes y escritura
“En realidad, si la mujer no tuviera existencia salvo en la ficción que han escrito los hombres, uno se la imaginaría como una persona de la mayor importancia, muy heterogénea, heróica y mezquina, espléndida y sórdida, infinitamente hermosa y extremadamente horrible, tan grande como el hombre, más según algunos. Pero esa es la mujer de la ficción. En la realidad, como señala el profesor Trevelyan, la encerraban, la golpeaban y la zamarreaban por el cuarto”.
Virginia Wolf, Un cuarto propio
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